“Nacionalistas" contra reforma energetica

2013-09-06T00:00:00Z “Nacionalistas" contra reforma energeticaBy Opinión Por Martin Mendoza Arizona Daily Star
September 06, 2013 12:00 am  • 

Reduccionista, maniqueista, vaya, simplista.

Esos son algunos de los adjetivos con los que se pudiera calificar la gritería en México contra la timorata reforma energética propuesta por el Presidente Enrique Peña Nieto. La anquilosada izquierda en la nación azteca, la cual tiene por lo menos cincuenta años viviendo en otro mundo, excepto, claro, para perseguir el poder solo por el poder, se ha conjuntado con las así llamadas fuerzas “nacionalistas”, para cerrar los ojos, taparse los oídos, meter la cabeza en la tierra y oponerse a lo que sea, como suele hacerlo.

La primera realidad aquí es que el petróleo mexicano es cada vez menos relevante para el mundo industrializado. La explotación petrolera por ejemplo en Estados Unidos y Canadá, está aumentando vertiginosamente debido a las nuevas técnicas de perforación como el “fracking”. Gracias a estas, las preocupaciones ambientalistas están cediendo y dando paso a que se explote la barbaridad de petróleo que está bajo el subsuelo norteamericano. Estados Unidos se convertirá muy pronto en el primer productor del mundo.

Luego, México no tiene recursos para seguir explotando eficientemente su petróleo. El principal problema con eso no es la comercialización del mismo en los mercados internacionales, sino el asegurar el consumo interno que sigue creciendo y para el cual no se ven más respuestas factibles.

Parece que muchos olvidan que el país está ya importando una enorme cantidad de gasolinas. Por supuesto, eso no significa nada para los muy “nacionalistas”. La cuestión es todavía más elemental y urgente de lo que quisiéramos.

Todo ello nos lleva a plantearnos si en verdad el petróleo es de “todos los mexicanos”, como le gusta cantaletearlo a la clase política mexicana cuando así lo considera conveniente para sus muy particulares fines. Por un lado Pemex vive bajo un régimen fiscal en donde el gobierno federal trata a la empresa como su “caja chica”, ordeñándola indiscriminadamente, en vez de como una empresa que tendría que constantemente modernizarse para ser más productiva.

Por otra parte Pemex es víctima también de un sindicalismo omnipotente que la ha desangrado a través de la más increíble corrupción. Por ello, es al menos cuestionable, para ponerlo en términos amables, eso de que el petróleo sea de todos los mexicanos. Jamás lo ha sido realmente más que en el papel.

El petróleo ha sido propiedad de un régimen de partido de estado durante muchas décadas, el cual ha tenido como bastión al corporativismo y al sindicalismo corrupto que busca sobrevivir a toda costa. Este último ha traído buenos beneficios para sus trabajadores pero a un costo altísimo para el resto del país. Así que en realidad el petróleo ha sido más de los “Quina Hernández”, los “Chava Barragán”, los “Romero Deschamps”, líderes sindicales y alcahuetes del régimen, que del mexicano de a pie.

¿Qué las medidas propuestas –como una tímida y en realidad poco atractiva apertura a la inversión extranjera- serán la solución? Claro que no. Pero es mejor que nada.

¿Qué la apertura puede dar lugar a trampas y a abusos, ahora por parte de particulares e incluso de extranjeros? Es posible, por supuesto, y en eso es en lo que tendríamos que enfocarnos, pero ese es el siguiente paso. Negarnos a ver la realidad inicial y el punto de partida no resuelve nada.

El hecho de que en México esos procesos se den envueltos en corrupción es otro boleto. Sin embargo, si continúa la oposición absurda a lo que no tiene remedio, es todavía más probable que se descuide la forma en la que sucederán las cosas, cosas que de todos modos habrán de pasar, mas tarde que temprano.

En México este tipo de asuntos no se discuten con una perspectiva económica o tan siquiera social, se atienden desde un punto de vista cultural en el cual siempre se ve hacia atrás, siempre se parte del agravio previo y por lo tanto siempre nos refugiamos en una forma de nacionalismo anacrónico, incapaz de ofrecer más respuestas u opciones que el berrinche y la diatriba. Todo ello es siempre explotado en cada momento de su historia por políticos –gobernantes u opositores- que abusando de la ignorancia y de los traumas sociales-históricos del mexicano, solo buscan llevar “agua a su molino”.

De cualquier forma no son ellos los que pagan las consecuencias.

Contacta a Martin Mendoza al mfmtuc@yahoo.com

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