Más que un comentario: La Dama de Hierro

2013-04-11T00:00:00Z 2013-04-11T10:01:29Z Más que un comentario: La Dama de HierroOpinión por Martín F. Mendoza Especial Para La Estrella De Tucsón Arizona Daily Star

Como aficionado a la Historia, existen para su servidor dos placeres al respecto. Uno que tiene que ver con el escudriñar determinadas etapas de la humanidad para conocer más de ellas y asociar o, incluso, extrapolar algunos eventos hacia el presente, incluidas causas y efectos. He ahí la Historia como guía de la cual se aprende, permitiéndosenos así formular mejores lecturas de lo que está sucediendo hoy día.

El otro es aquel que se relaciona más que nada con la Historia Contemporánea, en donde vamos aprendiendo de acontecimientos recientes y, en algunos casos, aun en forma simultánea a su desarrollo. He ahí la Historia ya no sólo como maestra sino también como compañera de vida. Esto último es el caso ante la obra de Margaret Thatcher, recientemente fallecida en el Reino Unido, ex primera ministra de 1979 a 1990 y mejor conocida como "La Dama de Hierro" por su fortaleza de carácter y su implacable determinación ante los enormes retos que le tocó encarar.

Durante una buena parte de mi adolescencia en México, por allá en los años ochentas, ya en los últimos tiempos de la Guerra Fría, recuerdo cómo las figuras dominantes de Occidente fueron, sin duda alguna, ella, Ronald Reagan y el Papa Juan Pablo II. Todos los demás actores y figuras políticas mundiales fueron, si no secundarias, sí al menos subordinadas a este trío en términos de influencia política y económica. Y no, no estoy olvidando al reformista ruso Mikhail Gorbachov, que sin duda tiene su propio sitio en esta etapa de la historia universal.

Era imposible abrir un periódico o una revista, así como encender la tv o el radio, y no leer o escuchar acerca de lo que ellos hacían o decían. Los proyectos y discusiones en el área de estudios sociales en la escuela giraban siempre acerca de lo que entonces era todavía el gran dilema del mundo: la influencia norteamericana/occidental o la comunista -o socialista, como otros preferían llamarle-, y por tanto, todo estaba salpicado de críticas o alabanzas al "dúo dinámico" del mundo libre: Reagan-Thatcher, así como a Juan Pablo II.

No es raro, entonces, que se le atribuya precisamente a esta triada de enormes líderes el haber acabado con el comunismo como amenaza universal, hecho que se volvió irreversible tras el colapso del oso soviético, recién iniciados los noventas.

Por supuesto que para muchos en la actualidad -ya sea por ignorantes, flojos, esnobs o las tres cosas juntas- la Thatcher fue el mismísimo diablo al encuadrarla como una gobernante "ultraconservadora". Thatcher, la única mujer que ha ocupado el cargo de Primer Ministro en su país, no sólo proyectó el poder británico hacia el exterior sino que -al igual que Reagan en Estados Unidos- realizó una enorme labor para echar a andar de nuevo una anquilosada economía nacional asfixiada por la sobre-regulación de aquellos días.

Hasta la fecha, su postura económica caracterizada por la baja participación estatal y su fe en los mercados, así como el control de la inflación a través de una fuerte restricción de la oferta monetaria, es conocida como "Thatcherismo" y frecuentemente asociada y comparada con el "Reaganomics" por sus similitudes. Nadie niega que -como todo en la vida- este modelo ya comenzó a reclamar ajustes y precauciones con los excesos; sin embargo, pésele a quien le pese, sigue siendo el único camino viable para el crecimiento económico sustentable y duradero.

La Dama de Hierro no necesitó entonces de tanto equilibrio, ya que al menos el diagnóstico en realidad no fue tan complicado. El problema era claramente una falta de incentivos para los capitales y una participación excesiva del Estado en la vida económica de prácticamente todas las naciones. Los setentas no habían sido precisamente los mejores años para la expansión económica en este mundo nuestro, y si no que le pregunten a México.

Pero también, los fanáticos radicales de derecha de hoy día -sobre todo los estadounidenses-deberían de preocuparse por en realidad entender la filosofía de líderes como Thatcher, ya que no se vale sólo invocar sus memorias sin comprender a cabalidad lo que ellos evidentemente sí comprendieron: que todo tiene sus límites.

Contacte a Martín Mendoza al correo electrónico: mfmtuc@yahoo.com

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