Hay mucho qué observar y comentar ahora que ya se volvió al alborotar el ambiente en cuanto a una reforma migratoria debido al anuncio efectuado la semana pasada por un grupo bipartidista de senadores.
Entre lo que llama la atención, pero por lo cual "ya ni llorar es bueno", resalta el cinismo del enfoque que ahora se le está dando al asunto, es decir, la veta electoral, o mejor dicho electorera -que no es lo mismo-, con que algunos republicanos están tomándolo. Aquí destaca John McCain -aquel al que algún día veíamos como un estadista y no como lo que tiempo después demostró ser: un simple político más obsesionado con el poder. Ahora, buscando recuperar un poco de la relevancia perdida, decide cambiar de chaqueta una vez más y predicar sobre aquella causa que un día encabezó pero que desechó como servilleta usada cuando pretendió ganarse a la parte más extremista de su partido.
Otro que en verdad quiere y cree que puede ser Presidente es Marco Rubio, quien después de ser parte del aclamado anuncio corrió patéticamente a "rendir cuentas" a Rush Limbaugh, guía espiritual del extremismo republicano, al que aseguró en su programa de radio que la propuesta no es tan generosa como pareciera.
Pero pasando a cosas más practicas y dejando de lado la condición tan rústica de los republicanos de hoy día (y después se preguntan por qué les va como les va), debemos todos entender que en realidad "el diablo está en los detalles". Es decir, hasta ahora no hay un sólo aspecto de una eventual reforma en que parezca haber consenso. De entrada, la propuesta "bipartidista" en el Senado tiene un toque punitivo que parece partir de que los únicos culpables de la situación actual son los trabajadores indocumentados que "rompieron la ley".
Son muchos los aspectos sobre los que habrá oportunidad de comentar en las próximas semanas, comenzando con eso de que no habría nada para nadie a menos que un cuerpo formado expresamente para ello certificase que la frontera "está asegurada". ¿En verdad alguien quiere a Jan Brewer tomando de rehén a la reforma migratoria? O, aquel infantilismo de que no se expediría en el futuro ninguna "green card" hasta que todos los solicitantes que están en línea ahora hubieran sido desahogados. (Y eso que los republicanos no creen en agregar más capas de burocracia al gobierno ni en regulaciones absurdas. ¿Qué tal si lo hicieran?).
Hay, sin embargo, un punto fundamental que debiera ser hoy día en lo que se centrase la atención de todo aquel que apoya una reforma migratoria, sobre todo ahora que queda claro que esto puede tomar, si bien nos va, de seis a 12 meses en concretarse: ¿Qué pasara con la gente que sin tener más crímenes que las faltas migratorias ha sido recientemente deportada o lo será durante este tiempo? Ya que está visto que las disposiciones del presidente Obama y del jefe de ICE las obedecen, increíblemente, sólo aquellos elementos de campo a los que así les viene en gana, debemos esperar que se sigan rompiendo familias todos y cada uno de los días que faltan para que se concrete algo.
Algunos líderes activistas claman con toda razón por un alto a las deportaciones (es de entenderse que de aquellos inmigrantes que no tengan antecedentes criminales serios) como una acción practica y lógica ahora que se estará en este compás de espera.
Eso sería lo que corresponde. Es hora de que dejemos de lado -sólo por el momento- otros detalles y no unamos todos en este reclamo. No es posible que mientras todo mundo pomposamente habla de que las leyes migratorias tienen que buscar la "reunificación familiar" -muchas veces de gente que está en otros países sin demasiadas premuras- en territorio estadounidense se sigan haciendo pedazos familias nucleares en nombre de la legalidad. Hay momentos en que la legitimidad es más importante que la legalidad.
Contacta a Martín Mendoza al correo electrónico: mfmtuc@yahoo.com











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