Los hombres deben mirarse en el espejo

2013-06-14T00:00:00Z Los hombres deben mirarse en el espejoOpinión por Rubén Navarrete The San Diego Union-tribune Arizona Daily Star

SAN DIEGO.- No sé si Megyn Kelly es la que mantiene a su familia, pero esta locutora de Fox News sin duda sabe cómo ganar una pelea. Observarla dando una paliza a otras dos personalidades de Fox News -Lou Dobbs y Erick Erickson- fue un verdadero espectáculo de TV.

Erickson ha sugerido en un blog de RedState.com, y en su programa radial digital, que la sociedad se está viniendo abajo en picada porque las mujeres son ahora las que aportan -según un estudio del Pew Research Center- los únicos ingresos o los principales ingresos en el 40 por ciento de las familias estadounidenses. Esta tendencia, insistió Erickson, perjudica a los niños, a las familias y a la sociedad. Dobbs estuvo de acuerdo con esa afirmación.

Kelly, que trabaja y tiene dos hijos y un tercero en camino, dijo a estos dos hombres que no sabían de lo que estaban hablando, y que todas las investigaciones contradecían esa aseveración. Al final, Kelly aniquiló a ambos con la sutileza de un bombardeo.

Bien hecho, Mamá.

Aun así, la mayoría de los que han comentado sobre la rencilla -y para el caso, sobre el estudio de los ingresos de las mujeres, que la desencadenó- se concentran en los aspectos equivocados.

El asunto más importante aquí no es el papel de la mujer en la fuerza laboral, ni si la sociedad paga un precio porque las mujeres pasen más tiempo en la oficina y menos tiempo con los niños o si los estadounidenses criaban mejor a sus hijos cuando las madres se quedaban en casa para saludarlos cuando llegaban de la escuela.

Lo que deberíamos discutir no es que las mujeres estén tratando de hacer demasiado sino que los hombres no estén produciendo lo suficiente, trabajando con suficiente empeño, ganando lo suficiente o asumiendo la responsabilidad de mantener a su familia con suficiente seriedad.

Cuando se trata de decisiones, resulta ser que muy a menudo el problema reside en los hombres.

La llamada telefónica de una vieja amiga acabó de convencerme. Divorciada, con una buena educación y trabajando arduamente para mantener a sus dos hijas sin manutención del padre, mi amiga no deja de pensar, tal como ella dice, en el "valor disminuido" de los hombres.

Ay. Este valor disminuido no se manifiesta sólo en los padres que no pagan la manutención de sus hijos o en padres ausentes que abandonan a madres solteras que deben arreglárselas solas para trabajar y cuidar a sus hijos.

Ya conocemos esas historias.

También puede detectarse en -y aquí es donde las cosas se vuelven delicadas- las parejas casadas en las que los hombres están contentos con dejar que sus esposas ganen la mayor parte del dinero, aunque eso signifique que la mamá deba trabajar más horas, viajar y pasar menos tiempo con la familia.

Según el estudio Pew, el 23 por ciento -casi una de cada cuatro- de las madres que trabajan, ganan más que sus maridos.

Todo movimiento social tiene su lado oscuro y sus consecuencias no buscadas. Y este es el lado oscuro del movimiento por la igualdad de la mujer. Hace un par de generaciones, en la época de "Mad Men", los hombres armaban un lío por permitir que la mujer accediera al trabajo. Hoy en día, los hombres de mi generación se ponen a descansar, permitiendo que sus esposas hagan la mayor parte del trabajo y ganen más dinero.

Oh, y traten de entender esto -se supone que los hombres más jóvenes son los que más aceptan la situación.

¿Qué es lo extraño en todo esto? Según lo que dicen las mujeres en la treintena y cuarentena, muchas cosas. En primer lugar, si la mujer es la que va a traer la comida a casa, pero también cocinarla y limpiar el lío después, ¿para qué necesita a un hombre? Además, a muchas de ellas les gustaría la opción de quedarse en casa con los hijos y se resienten porque sus compañeros no les están dando la posibilidad de hacerlo.

Algunos hombres son de ley. Asumen sus responsabilidades con seriedad. Un amigo que perdió su trabajo se mudó a un estado vecino para iniciar otro. Vivió en un hotel durante varios meses, mientras su salario era depositado directamente en la cuenta familiar para pagar la hipoteca de la casa.

Otro amigo que también perdió su empleo fue más lejos, literalmente. Tomó un puesto bien pagado en otro continente y envió el dinero a casa. Volvía una vez al mes para ver a la familia, hasta que ésta pudo reunirse con él.

Por supuesto, son ejemplos extremos. No todo esposo y padre debe irse del estado o del país para mantener a su familia ni debería tener que hacerlo. Idealmente, queremos que las familias vivan juntas. Pero también queremos que ambos padres tiren del carro con la misma fuerza. Y en muchos casos, muchos hombres se están volviendo muy cómodos teniendo a alguien que haga su parte.

La dirección electrónica de Ruben Navarrette es ruben@rubennavarrette.com.

© 2013, The Washington Post Writers Group

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