Terror con eco "Insidious: Chapter 2"

2013-09-20T00:00:00Z 2013-10-05T19:07:28Z Terror con eco "Insidious: Chapter 2"Por: José Chema Rodríguez Arizona Daily Star
September 20, 2013 12:00 am  • 

No pude resistirme a la tentación de dedicar esta columna a “Insidious: Chapter 2” (James Wan, 2013). Sobre todo para comentar/criticar esa curiosa tendencia eterna de Hollywood de exprimir fórmulas hasta el cansancio, y doblemente curioso si quien lo hace es un mismo director.

Y es que no puedo dejar de apuntar, con ganas de llamar la atención, el hecho de que James Wan, quien saltara a la fama con “Saw” (2004), ha realizado, contando la secuela de “Insidious” (2010), tres cintas ya sobre un mismo tenor: casas que tienen un pasado oscuro y siniestro, en donde los muebles se mueven por sí solos y abundan las siluetas macabras.

Pero… ¿será que en lugar de criticar lo anterior habría que celebrarlo? ¿Decir que no cualquiera se atrevería a correr el riesgo de hacer tres filmes continuos con las mismas estrategias/trampas? Quién sabe, el caso es que el terceto de películas ha tenido muy buen recibimiento por parte del público, a pesar de que, muy posiblemente, sin saberlo ha sido víctima de una astuta maniobra.

Lo bueno es que Wan dejará en paz las historias de terror por un rato, pues será el responsable de dirigir la séptima entrega de la franquicia Fast and Furious. El asunto me agrada, sobre todo porque el cineasta ha probado ser igualmente efectivo en el cine de acción, y como muestra basta ver la excelente y durísima “Death Sentence” (2007), una de las cintas que más me ha llenado el ojo en asuntos de persecuciones y enfrentamientos a puños, cuchillos y balas.

“Insidious: Chapter 2” arranca exactamente de donde se quedó su predecesora, en donde la familia Lambert soportó fortísimas experiencias paranormales que incluyeron el secuestro del alma de Dalton (el pequeño hijo) a manos de espíritus malditos y su posterior rescate por parte de Josh (Patrick Wilson), el atribulado padre.

La premisa de la continuación es muy similar (si no es que la misma), pues tiene que ver con la capacidad de Josh de proyectarse al mundo de los espíritus, un don que al parecer ha pasado a su hijo.

El conflicto de la secuela estaba más que anunciado: como era de esperarse, una vez que el padre se introduce a esta especie de purgatorio de almas para salvar a su descendiente, era muy poco probable zafarse de algunos espíritus torcidos decididos a aprovechar el viaje para invadir el mundo real, lo cual, eventualmente, la acongojada familia irá notando con el paso de los días.

Aunque he comenzado esta columna con un tono despectivo, argumentando que la estrategia del joven cineasta me parece gastada y hasta abusiva, no me queda otra que sincerarme y reconocer que, ciertamente, el colmillo de Wan encontró la manera de presentar el mismo producto pero aderezado de una forma bastante ingeniosa y hasta fresca.

La solución aquí fue profundizar en ese detalle que, aunque importante, en la primera fue el recurso para el rescate del hijo: el viaje y el entrecruce de dimensiones. Este elemento no sólo sirve muy bien en la historia, sino que aporta un extra muy atractivo al género, mismo que no suele complicarse demasiado en detalles de guión.

Sobra decir que el elenco está a la altura, sobre todo Patrick Wilson y Rose Byrne, quienes le dan un nivel de credibilidad a las situaciones estremecedoras de la trama. El resto de los ingredientes, como es de suponerse, cumple con el instructivo, es decir, los acostumbrados ruidos, portazos, siluetas, espectros, gritos y sustos que, sin embargo, Wan logra que sean efectivos. Hasta la próxima.

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