Palomeando: Grita todo lo que quieras, por cuarta ocasión

2011-04-14T00:00:00Z Palomeando: Grita todo lo que quieras, por cuarta ocasiónOpinión por "Chema" Rodríguez Especial Para La Estrella De Tucsón Arizona Daily Star

Wes Craven es casi por sí mismo un nombre franquicia y, a pesar de mantener un nivel de reconocimiento sólo como figura icónica, mas no como un cineasta respetado, estará por siempre relacionado con algunas de las cintas de horror más resonadas de Hollywood (si no por la crítica especializada por lo menos sí por el público en general).

Los títulos que tienen endosado su nombre poseen un sello característico muy suyo, mismos que por un lado se internan en el subgénero del slasher más académico, y por otro tocan un gore no tan inofensivo que oscila entre una medida crudeza y el terror más banal.

Ya su ópera prima, "The Last House on The Left" (1972), anunciaba un estilo tan digerible como intrigante para el espectador, lo que le dio la posibilidad de crear otras obras que contienen todo lo que disfruta aquel que suele devorar este tipo de producciones.

Con "The Hills Have Eyes" (1977), cinta que ya cuenta con un remake reciente, además de otros títulos menores que le sirvieron para estar vigente, Craven pudo haberse quedado como un realizador rentable, pero fue "Nightmare on Elm Street" (1984) la que lo colocó en un sitio especial como director de cintas de miedo, posición que terminó por asentarse con "Scream" (1996), obra que le dio vigencia al final de los 90 y principios del nuevo milenio.

Tanto "Scream" como sus dos posteriores secuelas, a pesar de no tener guiones sobresalientes, fueron filmes con el aliento suficiente como para producir imitaciones descaradas, teniendo como mérito principal el servir como sátira del mismo género que el propio Craven se encargó de popularizar en los años ochenta.

Con "Scream 4" (Wes Craven, 2011) la franquicia recurre de nueva cuenta a la veta que le dio tan buenos resultados anteriormente, retomando la historia de los personajes sobrevivientes a casi 10 años de sus desventuras, hecho que no extraña a nadie, pues la tercera parte en ningún momento tuvo sabor a cierre.

Esta cuarta entrega presenta a alguien conocido para los viejos seguidores de la saga: Sidney Prescott (Neve Campbell), la antes virginal e inocente adolescente transformada ahora en una madura y hermosa mujer, quien se ha convertido (para sorpresa de todo mundo) en una exitosa autora de libros de superación.

Como última parada en la gira que realiza para promocionar su libro, Sidney, muy a su pesar, regresa a su pueblo, sitio en donde todo comenzó. Ahí se reencontrará con el sheriff Dewey y la reportera Gale (el matrimonio en la vida real conformado por Courteney Cox y David Arquette), así como con Jill (Emma Roberts) y su tía Kate (Mary McDonell).

Para su mala suerte (y la desgracia de muchos en la pequeña ciudad), su presencia provoca la reaparición de Ghostface, quien comienza a exterminar poco a poco a personajes cercanos a los protagonistas, amenazando con llegar a ellos mismos si antes no descubren juntos la identidad de quien ha suplantado esta vez al asesino de la máscara blanca.

Pronto el tristemente célebre Woodsboro revivirá viejos temores y experimentará de nueva cuenta asesinatos rituales que recordarán a los ocurridos hace ya una década, mismos que se encargarán de hacer crecer la histeria colectiva y el terror más intenso, tal y como ocurrió en los mejores tiempos.

Una oleada de populares actores completan el elenco, convirtiéndose en la sangre nueva de una saga que amenaza con más secuelas en el futuro: Anna Paquin (True Blood), Kristen Bell (Forgetting Sarah Marshall), Hayden Panettiere (Heroes), Rory Culkin (Signs), Anthony Anderson (Kangaroo Jack), Adam Brody (The O. C.) y Heather Graham (Austin Powers).

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