Buenos Aires es la nueva meca de los muralistas

2013-05-06T12:50:00Z 2013-05-26T19:07:21Z Buenos Aires es la nueva meca de los muralistasThe Associated Press The Associated Press
May 06, 2013 12:50 pm  • 

BUENOS AIRES (AP) -- Buenos Aires se ha convertido en una de las principales capitales internacionales del arte callejero, donde los artistas usan paredes y muros de fábricas, plazas y edificios como enormes lienzos para sorprender a los transeúntes y hacerlos reflexionar con sus imágenes.

"Se manifiesta la pintura en lo más rutinario, que es ir desde tu casa al trabajo; la obra te toma por sorpresa y a quien le interesa, la interpreta y descubre cosas", dijo a The Associated Press el argentino Martín Ron, autor de una serie de murales con retratos de ídolos populares como el del futbolista Carlos Tevez, delantero del Manchester City. La imagen del jugador se asoma desde la pared divisoria de un edificio a un campo de fútbol del humilde complejo de viviendas Fuerte Apache, en las afueras de Buenos Aires, donde el deportista vivió durante su infancia y adolescencia.

"Los chicos (que juegan en el campo) tenían a su ídolo Tevez ahí grande, como un estímulo y una motivación", afirmó Ron. "Hago una pintura popular, me gusta tomar por sorpresa a la gente que entiende menos de arte".

Junto a sus colegas Leandro Frizzera y Emiliano Mariani, Ron también pintó a Diego Maradona al momento de meter un gol con la mano a la selección inglesa en la Copa Mundial de Fútbol en México, en 1986. La imagen está en una pared de 30 metros de ancho por seis de alto, bajo un puente transitado por un tren metropolitano.

Las pinturas de ambos futbolistas integran una serie subvencionada por las autoridades locales para embellecer el espacio urbano.

Una tercera obra de esta colección muestra al célebre escritor Ernesto Sábato sonriendo. Es un mural de 13 por nueve metros situado frente a la que fue su casa en la localidad bonaerense de Santos Lugares. También destaca el de la voluptuosa actriz de cine erótico Isabel Sarli, cuyos senos aparecen pintados al ras de la vereda de una calle del barrio de Villa Pueyrredón.

Otras obras como las del italiano Blu no tienen personajes conocidos, pero sí imágenes poderosas. El artista realizó una pintura que representa a un enorme bebé sobre su espalda sujetando lo que parece una píldora que se dispone a ingerir. La creó en 2007 en los muros laterales de un edificio que iba a ser demolido en el barrio de Villa Urquiza.

En la obra, en la que predominan el blanco, el negro, el rojo y el anaranjado, se puede observar el interior del cuerpo del niño, invadido por maquinaria y personal abocado a diferentes tareas. La imagen hace pensar en la explotación y corrupción del ser humano.

Blu, el belga Roa, el español Aryz, el francés Jef Aerosol y el estadounidense Ron English han dejado varias obras en Buenos Aires en los últimos dos años.

"Los artistas internacionales se interesan por esta ciudad porque aquí las autoridades son indulgentes a la hora de castigar el arte callejero ilegal", dijo a la AP el inglés Matt Fox-Tucker, fundador de la página buenosairesstreetart.com. El sitio recoge las obras y experiencias de numerosos muralistas que han dejado su sello en la capital argentina.

La inglesa Esther Whitehouse dijo a la AP que admira la enorme escala de los murales de esta ciudad. Whitehouse es artista en su tierra y se queja de que allí hay más trabas para expresar este tipo de arte. En tanto, Alexandra Nadeau, de Canadá, destacó la calidad de las obras callejeras y su variedad; las que denuncian injusticias conviven con las puramente estéticas.

Ambas extranjeras integraron recientemente uno de los paseos organizados por Fox-Tucker, que recorre varias veces por semana los barrios capitalinos exponentes del arte callejero.

En Buenos Aires es ilegal pintar edificios y viviendas en la vía pública, pero si el artista obtiene el permiso del dueño de la pared puede hacer casi lo que quiera.

"En muchas ciudades de Europa esto no es posible y el dueño de la propiedad necesita un permiso de la autoridad local para alterar el aspecto" del inmueble, dijo Fox-Tucker, autor junto al brasileño Guilherme Zauith del libro "Textura Dos Buenos Aires Street Art", que reúne murales y grafitis de distintos barrios porteños.

Es relativamente común que los artistas que pintan en esta capital vayan de puerta en puerta para obtener el beneplácito de dueños de edificios y casas para expresar su arte. Esos últimos aceptan porque las obras tapan las leyendas políticas o los mensajes de aliento a los equipos de fútbol que afean los muros. En tanto, algunos comerciantes contratan a los pintores para que decoren sus tiendas, cafés y galerías.

Antes de empezar a pintar, los artistas calibran los muros donde van a realizar sus obras con materiales como látex, óleo y aerosoles.

Donde algunos ven solo una pared, los muralistas aprecian todo lo que hay alrededor; por ejemplo, si hay más tráfico que peatones o cómo es la estructura de los edificios. La mayoría de las veces se busca sorprender al público.

Los artistas extranjeros aprecian la cantidad de espacio disponible que hay en la capital argentina, entre paredes medianeras (que separan dos edificaciones) y edificios abandonados y desocupados.

Cuando uno recorre Buenos Aires encuentra fácilmente murales y grafitis en los edificios históricos y en las fachadas de las casas antiguas.

El gobierno local ayudó a organizar la primera y segunda edición del festival Meeting of Styles (Encuentro de estilos) en 2011 y 2012 sobre arte callejero. Las autoridades han procurado diferenciar lo que son esas manifestaciones artísticas del mero vandalismo y han respaldado a los artistas para que pinten en algunos espacios públicos.

El Hospital Pirovano es un ejemplo de esto. Sobre los muros perimetrales del centro médico se permitió trabajar a artistas argentinos y de otros países sudamericanos para preservar el patrimonio público del barrio de Coghlan. La colombiana Guache pintó un imponente mural representando el rostro de un indígena con la cabeza cubierta por una serpiente emplumada.

Pero estos murales, cuyas imágenes también han decorado camisetas, no suelen perdurar como un óleo en un museo. Aunque los que son muy valorados por su alta calidad se mantienen por mucho tiempo, como una muestra de respeto a su autor, con frecuencia son tapadas con nuevas obras o algunos grafitis o "tags" (los nombres que identifican a los grafiteros).

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