Los microcréditos han cambiado su vida

Ofrecen en Nogales créditos a grupos de empresarios que se avalan entre sí
2013-04-12T01:00:00Z 2013-04-12T10:47:12Z Los microcréditos han cambiado su vidaPor Gabriela Rico La Estrella de Tucsón Arizona Daily Star

El mecánico sueña con tener un taller cubierto, la vendedora ambulante de tacos con tener un restaurante y el panadero con algún día hacer pasteles de boda.

Estas tres personas están entre más de mil 200 microempresarios en Nogales, Sonora, que participan en un programa de microcréditos comunales para emprender y expandir los pequeños negocios en la ciudad fronteriza.

La financiación del programa proviene de un grupo sin fines de lucro en Tucsón, que trabaja con los clubes rotarios del área para recaudar dinero.

El concepto de estos préstamos, que tuvo origen en India, ha tenido mucho éxito en Nogales con una tasa de recuperación del 97 por ciento, según Carlos Mendoza, quien supervisa el programa llamado Encomún Crecemos.

En Nogales hay mil 250 empresarios en el programa, que se inició en el 2004. El éxito ahí ha conducido a la elaboración de planes de expansión para finales de este año en las ciudades vecinas de Magdalena de Kino, Ímuris y Santa Ana, dijo Mendoza.

"Ha mejorado la calidad de vida", comentó. "En algunos casos, antes de que empezaran sus negocios estas familias no llevaban a los niños a la escuela para que ellos les ayudaran con las finanzas familiares", dijo. "Ahora están matriculados en la escuela".

Para calificar para el programa, los empresarios deben solicitar en grupos de 10 a 15 personas.

Cada uno puede inicialmente pedir un préstamo de hasta 2 mil 500 pesos (aproximadamente 200 dólares) con una tasa de interés del 4.28 por ciento, y pagarlo en cuatro meses. Si uno de los integrantes no paga, los demás heredan la deuda.

Cuando se haya pagado el préstamo, los empresarios pueden solicitar un préstamo adicional de forma individual, si el grupo los apoya.

A los participantes se les exige que se reúnan cada dos semanas para hacer los pagos y consultarse.

Los empresarios deben tener un plan de negocios escrito y ofrecer orientación a otros interesados en participar en el programa.

"Hay personas que no son aceptadas porque no tienen un trabajo o un plan de negocios actualmente -sólo tienen una idea", dijo Mendoza. "Esto no es una donación o un regalo. Tenemos que evaluar su capacidad de pago".

El mecánico

Sabía cómo reparar un motor, pero no cómo convertir su conocimiento en una profesión.

La orientación de los mentores del programa de micropréstamos ayudó a José Luis Reza, quien tiene 42 años, a iniciar su negocio el año pasado.

"Empecé con nada", dijo el padre de tres hijos. "Ahora tengo un piso de cemento".

Reza, un mecánico autodidacta, dijo que su negocio ha crecido a través de publicidad de boca en boca y ya ha contratado a tres mecánicos.

Actualmente se está construyendo un techo para proporcionarles protección solar mientras trabajan en los motores.

Espera que con un préstamo pueda cerrar por completo el área de trabajo y eventualmente tener "un verdadero taller con paredes aisladas y una puerta con cerradura", dijo Reza, quien trabaja desde las 6 a.m. "hasta que termine", todos los días.

La vendedora de tacos

La valiente empresaria de 43 años, tiene que hacer malabares para desempeñar varios oficios mientras alcanza su meta de tener un verdadero restaurante algún día.

Por ahora, Magda Enriqueta Gaona quiere cerciorarse de que los tacos de cabeza y lengua que prepara su socia, Graciela Gastélum, de 35 años, tengan una fiel clientela.

Las mujeres venden sus tacos debajo de unas lonas de plástico situadas a lo largo de una calle principal.

Un retrato del santo católico Martin de Tours, el santo patrón de los empresarios, está colgado en la carpa de la cocina equipada con hieleras y una estufa portátil.

Enriqueta se unió al programa de micropréstamos hace cuatro años con un grupo de 10 mujeres.

Ha sacado y pagado seis préstamos, y además del puesto de tacos en la calle tiene una tienda en su casa y vende carritos de hot dogs.

"Siempre he pagado", dijo sobre sus préstamos. "Pero siempre estoy cambiando de plan para poder alcanzar mi meta más rápido".

Enriqueta, una madre soltera de cuatro hijos, anhela trabajar en una estructura permanente, agregarle varias opciones al menú, abrir su negocio durante la hora de la cena e, incluso, tal vez tener un espacio para proporcionar entretenimiento.

"No veo la hora de estar en un lugar que sea grande y completamente mío", comentó.

El panadero

El aroma del pan recién horneado flota en la panadería, que consiste de una sola sala, provocando la sensación de hambre en aquellos que pasan caminando.

Adentro, el dueño de Panadería Lupita está ocupado amasando lo que eventualmente tomará la forma del famoso pan birote de Sonora, un pan crujiente y ovalado.

"Mi familia vive de este negocio", dijo Jesús Brigido, un hombre de 41 años y padre de dos hijos.

Se inscribió en el programa de préstamos hace cuatro años y ha expandido su negocio mediante la compra de un carro para hacer entregas.

"Es un gran programa que me ha ayudado mucho", dijo Brigido, quien ha sacado dos préstamos.

La panadería se especializa en pan para cenas, pan de ajo y algunos panes dulces.

Las escuelas locales le compran pan para sándwiches de estudiantes, y con el carro para hacer entregas también envía sus productos a tiendas del barrio.

Recientemente contrató a un empleado que le ayuda con la preparación de la masa. El dúo trabaja todos los días de 6 a.m. a 8 p.m.

Si todo avanza según lo previsto, Brigido espera comprar un segundo horno y comenzar a ofrecer pasteles de cumpleaños, bodas y quinceañeras.

"Yo aprendí a cocinar hace 10 años, trabajando en una panadería", comentó. "También puedo aprender a hacer las cosas elegantes".

Apoyo de Tucsón

Los esfuerzos para expandir las microempresas en Sonora cuentan con el apoyo de Promex Group, una organización no lucrativa en Tucsón.

El programa se inició en el 2004, y el apoyo y dinero que recibe ha ido incrementando poco a poco de forma constante, dijo Bill Holliday, asesor financiero local y miembro fundador del grupo.

"Nuestro objetivo es simplemente mejorar las vidas de las personas al sur de la frontera", comentó. "Los préstamos son una herramienta".

Holliday vivió en Nogales, Sonora, por un año en el 2004 para iniciar el programa.

Actualmente, todo el personal está en Sonora y la única participación estadounidense es la recaudación de fondos que realizan los voluntarios.

A Holliday le maravilla el espíritu emprendedor de las personas que ha conocido a través del programa.

"Hay una gran diversidad de negocios", comentó.

La fundación Howard G. Buffett le proporciona bastante apoyo al programa, dijo Holliday.

Los organizadores esperan que el programa se convierta en uno de ahorros, para que los empresarios puedan costearse los gastos futuros y expansiones sin necesidad de sacar préstamos.

El programa cuenta con 16 empleados en Sonora y un presupuesto anual de 300 mil dólares.

Tracy Carroll, una fisioterapeuta del Campus Sur del Centro Médico de la Universidad de Arizona (University of Arizona Medical Center South Campus), ha estado involucrada con el programa desde su inicio, y desde la década de 1980 con otros esfuerzos para desarrollar iniciativas similares.

"Es muy inspirador ver los cambios en la vida de las personas", comentó. "No es caridad. Estamos tratando de trabajar juntos".

Carroll, quien también es miembro de la facultad del Departamento de Medicina Comunitaria y Familiar de la UA, también considera que el programa beneficia la salud de los participantes.

Algunas casas que fueron construidas originalmente de piezas de automóviles, palés o aluminio han sido reemplazadas por estructuras más seguras y más cálidas a medida que las familias van ganando más dinero, comentó.

El fuego abierto para cocinar dentro de las casas ha dado cabida a las estufas, y con el dinero adicional que entra las familias se compran frutas y verduras.

"Vi el potencial de la salud económica y su relación con la salud en general", comentó Carroll. "Estoy convencida después de pensar en esto, por el tiempo que he estado pensando en esto, que es una herramienta muy poderosa para reducir la pobreza".

Contacta a Gabriela Rico en grico@azstarnet.com o al 573-4232.

The mechanic dreams of an enclosed garage; the roadside taco vendor dreams of a permanent shop; the bread baker hopes to make wedding cakes one day.

These three business owners are among more than 1,200 in Nogales, Sonora participating in a communal micro-credit program that helps start and grow small businesses in this Mexican border town.

Funding for the program comes from a nonprofit group in Tucson, which works with area Rotary clubs to raise money.

The loan concept, which originated in India, has been very successful in Nogales with a repayment rate of 97 percent, said Carlos Mendoza, who oversees the program called Encomún Crecemos .

In Nogales, there are 1,250 business owners in the program, which began in 2004. The success there has prompted plans to expand into neighboring Sonoran towns of Magdalena de Kino, Santa Ana and Imuris later this year, Mendoza said.

"There's an improved quality of life," he said. "In some cases, before they started their business these families kept the kids home from school to help with the family's finances," he said. "Now, they're enrolled in school."

To qualify for the program, the business owners must apply in a group of 10 to 15 people.

Initially, they can each borrow up to 2,500 pesos (about $200) and have four months to repay the loan, which has an interest rate of 4.28 percent. If one member of the group defaults, the others inherit the debt.

When the loan is repaid, the business owners can apply individually for an additional loan if the group supports the request.

They are required to meet every two weeks to make payments and consult with each other. The entrepreneurs must have a written business plan and offer mentoring to others who want to join the program.

"Some people won't qualify because they don't currently have a job or a business plan - just an idea," Mendoza said. "This is not a donation or gift. We need to assess their ability to repay."

The mechanic

He knew how to fix a motor, but not how to turn that into a profession.

The mentoring component of the micro-loan program helped Jose Luis Reza, 42, get started last year.

"I started with nothing," said the father of three. "Now I have a cement floor."

Reza, a self-taught mechanic, said his business has grown through word-of-mouth and he has hired three mechanics.

A roof is under construction to provide protection from the sun while he's working on motors. With a loan, he hopes to enclose the work area and have a "real garage with insulated walls and a locking door," said Reza, who works from 6 a.m. "until I'm done" every day.

The taco vendor

The spunky 43-year-old businesswoman juggles multiple jobs as she works toward her goal of having a brick-and-mortar restaurant someday.

For now, Magda Enriqueta Gaona is focused on building a loyal following for the beef head and tongue tacos prepared by her business partner Graciela Gastellum, 35.

The women sell their tacos under tarps along a main street. A portrait of the Catholic saint Martin of Tours - the patron saint of business owners - hangs on the carps of the kitchen that is equipped with ice chests and a portable stove.

Enriqueta joined the micro-loan program four years ago with a group of 10 women.

She's received and repaid six loans and - in addition to the roadside taco stand - maintains a home-based store and sells hot dog carts to vendors.

"I've never defaulted," she said of her loans. "But, I'm always shifting direction to see what will get me to my goal faster."

A single mother of four, Enriqueta longs to move into a permanent structure, add several items to the menu and be open for dinner - maybe even have an entertainment venue.

"I can't wait," she said, "to be in a building that is big and all mine."

The baker

The aroma of freshly baked break wafts from the one-room bakery, eliciting hunger pangs in those walking by.

Inside, the owner of Panaderia Lupita is busy at work, kneading and shaping dough into what will become Sonora's famous crusty, oval-shaped pan birote.

"My family lives off of this business," said Jesus Brigido, 41, a father of two.

He enrolled in the loan program four years ago and has grown his business by purchasing a car to make deliveries.

"It's a great program that has helped me out a lot," said Brigido, who has received two loans.

The bakery specializes in dinner breads, garlic breads and some sweet breads. Local schools buy his bread for students' sandwiches and - with the ability to make deliveries - he sends his goods to neighborhood stores.

He recently hired an employee to help with dough preparation. The duo work seven days a week from 6 a.m. to 8 p.m.

If all goes as planned, Brigido hopes to purchase a second oven and add birthday, wedding and quinceañera cakes to his lineup.

"I learned how to bake 10 years ago, working in a bakery," he said. "I can learn how to do the fancy stuff, too."

Tucson support

The efforts to grow small businesses in Sonora is supported by a Tucson nonprofit, ProMex Group.

Started in 2004, the program and its support and money have steadily grown, said Bill Holliday, a local financial planner and a founding member of the group.

"Our goal is simply to improve lives south of the border," he said. "The loans are a tool."

Holliday lived in Nogales, Sonora for a year in 2004 to get the program started. Now the staff is all in Sonora and the only U.S. involvement is the volunteer fundraising.

Holliday marveled at the entrepreneurial drive of the people he's met through the program.

"There is such a diversity of businesses," he said.

The Howard G. Buffett Foundation is a big supporter of the program, Holliday said.

Organizers hope it will evolve into a savings program so business owners can build their own nest eggs for future expansions and expenses without a loan.

The program has 16 employees in Sonora and an annual budget of $300,000.

Tracy Carroll, a physical therapist with the University of Arizona Medical Center South Campus, has been involved with the effort since its inception, as well as earlier efforts to develop such initiatives dating back to the 1980s.

"It's pretty compelling to see the changes in people's lives," she said. "It's not charity. It's us trying to work together."

Carroll, who is also a faculty member of the UA's Family and Community Medicine department, sees the program as a health benefit.

Homes that were once constructed out of automobile parts, pallets or aluminum are replaced with safer and warmer structures as families earn more, she said.

Open fires inside of homes for cooking give way to stoves as money is earned and the extra money allows for the purchase of fruits and vegetables.

"I saw the potential of the economic health as it related to the overall health," Carroll said. "I'm convinced after thinking about this, for as long as I've been thinking about this, that it's a very powerful tool for reducing poverty."

Contact reporter Gabriela Rico at grico@azstarnet.com or 573-4232.

Copyright 2014 Arizona Daily Star. All rights reserved. This material may not be published, broadcast, rewritten or redistributed.

Featured businesses

View more...

Deals, offers & events

View more...