Deportación de hondureño deja a familia en apuros

2013-09-13T00:00:00Z 2013-09-13T08:50:00Z Deportación de hondureño deja a familia en apurosPor Joseph Treviño Arizona Daily Star
September 13, 2013 12:00 am  • 

Por Joseph Treviño

La Estrella De TucsÓn

Por meses, María Jiménez no ha sabido qué hacer.

Mientras que casi mecánicamente atiende a los clientes en su puesto de dulces mexicanos en el Swap Meet de Tanque Verde, está claro que Jiménez tiene su mente distraída. Su esposo, Saúl Gámez, fue deportado el viernes 6 de septiembre a su natal Honduras.

Su hijo, Saúl, de tres años de edad, además de sufrir alergias y asma, ha sido declarado autista. Y para colmo los ahorros familiares se han acabado, con el dinero apenas ajustando para poner el puesto de dulces en el tianguis.

Para Gámez, de 30 años de edad y padre de dos hijos, es la tercera vez que es deportado. Ahora se encuentra en Tegucigalpa, la capital de ese país centroamericano.

Gámez fue arrestado el 15 de enero y después deportado. Fue detenido de nuevo el mes pasado cuando logró cruzar la frontera estadounidense desde Nogales, Sonora, sólo para ser arrestado de nuevo por la Patrulla Fronteriza.

Y para poder intentar volver a cruzar la frontera estadounidense, Gámez deberá pasar por cuatro fronteras y abordar “La Bestia”, un tren mexicano de carga tristemente célebre por haber causado incontables muertes, lesiones y amputaciones a los centroamericanos que suben a él en pos de la frontera estadounidense.

La actual crisis por la que pasa el matrimonio sin duda pondrá a prueba su relación, admitió Jiménez, de 38 años de edad, quien nació en Oaxaca pero se crió en el Distrito Federal. Incluso, algunas amistades le han dado la espalda en estos momentos de crisis, diciéndole que su esposo se lo tiene merecido, pues decidió cruzar la frontera sin documentos y ahí están las consecuencias.

“A veces siento que me han puesto dedo la gente malvada”, contó Jiménez. “Digo, ‘ah, mi Diosito me hace cada día más fuerte’’’.

La balada de María y Saúl

Jiménez conoció a Gámez en el 2002, cuando ella sólo tenía 15 días de haber llegado a Tucsón. Su futuro esposo tenía apenas ocho días de haber arribado, cuando comenzó a trabajar en el mismo restaurante en que laboraba Jiménez.

Ella recordó que como cocinera, solía servirle la comida al joven de 19 años de edad, quien trabajaba lavando platos.

Saúl comenzó a cortejarla, pero Jiménez se rehusaba, pues veía la diferencia de edad –ocho años- como un impedimento para una relación.

“Me le escondí por casi un año”, contó ella.

Pero el tesón de Saúl pudo más y comenzaron un idilio que terminó en matrimonio.

Disciplinados y trabajadores, lograron salir adelante, ya que mientras que él trabajaba como jardinero independiente, ambos pusieron un pequeño negocio vendiendo muebles usados y dulces en el swap meet.

Con el amor vinieron los hijos, Stephanie, de 9 años, y Saúl.

Pero los bemoles migratorios siempre estuvieron presentes. En el 2006, Gámez comenzó a tomar y en una ocasión, aunque no se puso violento, Jiménez le llamó a las autoridades. Al llegar la policía, se llevaron arrestado a Gámez, pese a las protestas de Jiménez y a subsecuentemente levantar los cargos.

Gámez fue deportado.

Por teléfono, el matrimonio arregló sus problemas, Gámez dejó de tomar y desde Tegucigalpa comenzó la larga y penosa aventura por la que pasan muchos centroamericanos para llegar a Estados Unidos.

La escabrosa bestia que se arrastra hacía Tucsón

Gámez cruzó cuatro fronteras, fue robado y encañonado antes de subirse al “Tren de la muerte”, donde aparte de lo peligroso que es, por lo menos un 80 por ciento de los que se suben son asaltados y un 60 por ciento de las mujeres sufren algún tipo de agresión sexual, de acuerdo a Amnistía Internacional.

Treinta y dos mil 340 hondureños fueron deportados durante el 2012, según Aracely Romero, subdirectora del Centro de Atención al Migrante Retornando (CAMR) del gobierno de Honduras.

Entre enero y mayo del 2013, fueron deportados 15 mil 447 hondureños indocumentados, la mayoría de ellos hombres. Esto representó un incremento de 27 por ciento respecto al mismo periodo de 2012, de acuerdo al CAMR.

En Arizona, actualmente hay entre cinco a seis mil hondureños, dijo Vincenzo Balletta, cónsul de Honduras en Houston. Como reacción a leyes antiinmigrantes como la SB 1070, las cifras de hondureños en el estado ha decaído, pues en años anteriores habían hasta 15 mil hondureños, agregó.

“Los compatriotas han decidido moverse a otros estados aledaños”, dijo Balletta el martes 10, vía telefónica desde Houston.

Jiménez dijo que intentó en vano comunicarse con las autoridades consulares de Honduras, pues el Consulado de ese país en Phoenix fue cerrado. Balleta indicó que actualmente es el Consulado de Los Ángeles el que está a cargo de servir a los hondureños que viven en Arizona.

Pese a todo, Gámez regresó. Pero el 15 de enero fue detenido por la Policía de Tucsón cuando conducía su camioneta Ford 350 rumbo al basurero para llevar una carga tras su ronda de limpieza de jardines. Fue deportado.

Al intentar volver el mes pasado, fue interceptado por las autoridades migratorias cerca de Rio Rico, dijo Jiménez. Ahora, el matrimonio no sabe cuándo Gámez volverá a abordar La Bestia, si intentará cruzar la frontera estadounidense o si el matrimonio se reunirá en Nogales, Sonora, donde tal vez reanuden sus vidas.

Pese a la enorme distancia que los separa, Jiménez cuenta que piensa todo el tiempo en su esposo y añora el momento en que vuelvan a juntarse.

Tras un titubeo, dijo: “Ahorita que él está allá, yo lo siento aquí”.

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