Autodeportación, un sueño hecho pesadilla

Salieron de EU para intentar estudiar antes de anunciada la Acción Diferida
2013-07-24T19:00:00Z 2013-07-24T20:22:32Z Autodeportación, un sueño hecho pesadillaThe Associated Press The Associated Press
July 24, 2013 7:00 pm  • 

NOGALES, México.- Adriana Gil Díaz sintió que había cometido el error más grande de su vida al regresar a México cuando escuchó al presidente estadounidense Barak Obama anunciar un plan que protegería de la deportación a jóvenes como ella.

Luego de residir prácticamente toda su vida en Estados Unidos, adonde fue llevada por sus padres cuando era pequeña, Gil regresó a México hace un año y medio en la esperanza de poder cursar estudios universitarios y no ha sido cobijada por el programa de suspensión de deportaciones pensado para jóvenes como ella.

"Fue muy triste, deprimente, sentir que estaba tan lejos y que perdí la oportunidad de poder participar en ese proceso", dijo Gil, de 22 años, quien tampoco tiene forma de ingresar legalmente a Estados Unidos y quedará al margen de una reforma a las leyes de inmigración que busca regularizar el status de millones de personas que viven sin autorización en el país del Norte.

Mientras muchos dreamers celebran la perspectiva que se les abre de poder permanecer en el país gracias al programa de Obama y legalizar incluso su situación a través de la reforma migratoria que discute el Congreso estadounidense, Gil y los demás jóvenes que se encuentran en su situación viven una pesadilla.

El drama es doblemente cruel si se tiene en cuenta que los dreamers que fueron deportados tal vez puedan regresar legalmente al país. El proyecto aprobado en el Senado contempla un perdón especial para ellos al que no tendrían acceso quienes no fueron deportados, según explicó Kamal Essaheb, un abogado de inmigración del Centro Nacional de Leyes de Migración (NILC, por sus siglas en inglés).

"No creo que la 'Pandilla de los 8' (los senadores que elaboraron el proyecto del Senado) pensó en una situación así cuando redactaron el proyecto de ley", dijo Essaheb.

Gil no puede ser acogida por el programa de suspensión de deportaciones porque uno de los requisitos es que la persona haya vivido en el país de forma continua.

Gil no es la única que se arrepiente de haber regresado a México.

Luis León, de 20 años, volvió sin hablar español y después de haber vivido casi toda su vida en Estados Unidos. León tenía la misma esperanza de poder completar sus estudios universitarios. Aunque fue difícil lograrlo, pudo inscribirse en la Universidad de Veracruz. Pero no se adaptó y siente que se equivocó al haberse ido.

"Me da miedo que me voy a quedar fuera", dijo León, sobre sus posibilidades de regresar legalmente a Estados Unidos. "Van a aceptar a todos los que siguen dentro del país y a todos nosotros que nos salimos, que no cometimos ningún crimen, que nos llevaron de chiquitos y nos salimos a buscar un mejor futuro, no. Yo siento que no se vale".

Los defensores de la causa de los soñadores opinan que los congresistas deben incluir a jóvenes como Gil y León en la reforma a las leyes de inmigración, dándoles una opción de un perdón más flexible.

No hay cifras sobre cuántos jóvenes volvieron a México ni cuántos dreamers fueron deportados por Estados Unidos.

Pero Mohammad Abdollahi asegura que Gil y León no están solos. Abdollahi, fundador del sitio en la red DreamActivist.org, conoce decenas de casos de jóvenes que regresaron a México sin ser deportados y con la esperanza de acceder a estudios universitarios.

"Una mayoría de los que yo conozco se autodeportaron porque querían estudiar y se encontraron con muchos obstáculos para hacerlo en México", explicó Abdollahi.

Eso es exactamente lo que le pasó a Gil.

Ella llegó a Estados Unidos cuando tenía cuatro meses y residió en Phoenix hasta los 20 años. En 2012, Gil y su madre María Antonia regresaron a la Ciudad de México con la esperanza de que la joven pudiera estudiar en la universidad utilizando una beca que le dieron de 2 mil dólares.

Ese dinero no iba a rendir lo mismo en Estados Unidos, porque una ley estatal prohíbe las becas públicas para estudiantes en situación irregular y triplica los costos de su matrícula escolar como si fuesen residentes de otro estado.

Pero las cosas no fueron como esperaba cuando llegaron a la capital de México. Gil perdió la beca.

La muchacha y su madre decidieron entonces mudarse más cerca de la frontera de Arizona.

En Nogales tenían problemas para pagar la renta y el Albergue para Migrantes Juan Bosco las acogió como voluntarias.

Ambas estaban a cargo de la limpieza diaria del albergue, los desayunos a las siete de la mañana y la preparación de la cena para entre 60 y 70 personas.

Gil se deprime pensando en la vida que dejó en Estados Unidos, en su mejor amiga, sus salidas al cine, hablar en inglés, vivir en la única ciudad que conoció toda su vida. En esas noches se le cruza la idea de atravesar la frontera.

"A veces siento que no tengo nada que perder, de aquí ya todo puede ser para arriba", dijo Gil.

"Da miedo al escuchar las estafas que sufren los migrantes por cruzar, llegan aquí con los pies todos rotos", expresó Gil.

Pese a todas las penurias, la muchacha no se arrepiente de lo que hizo.

"Dicen que hay que tomar riesgos en algunos puntos de la vida. Es un riesgo que vale más la pena que estar con un futuro incierto", reflexiona.

"Me fui (de Estados Unidos) pensando que aquí iba a tener una oportunidad de llegar más lejos, eso es lo que te enseñan los maestros allá, que siempre trabajes duro para conseguir lo que quieres", dijo Gil.

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